LOS ECOS DE LAS CARRERAS




No importa a cuántas carreras te hayas inscrito, tampoco la cantidad de participantes, la ruta, el horario o el clima, siempre –enfatizo “siempre”– hay gente apoyando a todos los corredores, sin tomar en cuenta si somos novatos o experimentados. No hay carrera donde no escuches y sientas los gritos y aplausos de decenas de personas que están ahí para darnos un aliento que nos llevará a la meta. Hay ocasiones en las que es lo único que necesitas, un “¡vamos, sí puedes!”. Qué poder nos brindan esas voces que se repiten en cada kilómetro.

Son las seis de la mañana y tú, como corredor, ya estás listo para tu carrera; seguramente un poco de nervios están presentes, pero sabes que llegó el momento. Y desde esa hora ya están ahí personas dispuestas a ayudarte para conseguir tu reto. Amigos o familiares decidieron levantarse muy temprano en domingo para apoyarte durante ese difícil recorrido. Ellos están atentos a la ruta, pendientes de cómo vas. No distraen su mirada porque desean ubicarte entre cientos de personas que también van corriendo por las calles usando la misma playera. Los aplausos suenan una y otra vez. Los gritos de ánimo no cesan, incluso aumentan con el paso del tiempo y en cada kilómetro. Puede hacer frío o los rayos del sol pueden ser fuertes, pero el apoyo sigue ahí. Y aquellos que no gritaban o aplaudían se contagian del ambiente, así que deciden participar en esa porra kilométrica.

Lo más increíble es cómo un extraño, una persona que tal vez nunca volverás a ver, puede impulsarte con aplausos y pocas palabras. “Ánimo”, “ya vas a llegar”, “tú puedes”, “bravo, corredores, lo lograron”, entre otras, son las oraciones que escuchas en cada zancada. Recuerdo mi primer maratón, donde después del kilómetro treinta y cinco quería renunciar. Me fue imposible abandonar la carrera, ya que apenas bajaba el ritmo para detenerme, surgía una voz entre la multitud gritándome: “¡No te rindas, lo vas a lograr!”. Ni agua, geles deportivos, vendas, masajes o algún descanso te impulsan como escuchar algo así. Alguien que no te conoce tomó la decisión de apoyarte. Parece que ya no puedes más, pero esas porras infinitas despiertan una fuerza que no sabías que estaba dentro de ti.

Hace poco fui a una carrera en montaña; mientras esperaba a que llegaran mis amigos del equipo, decidí animar a los corredores. A mi lado se encontraba una señora que nunca dejó de apoyar a los participantes que llegaban a la meta. Siempre aplaudió, gritaba constantemente. Era una energía también digna de admirar. No importa si vas agotado o te sientes excelente, siempre esas porras te hacen más fuerte.

Gracias a todas las personas que están ahí, exclamando y aplaudiendo sin descanso. Gracias por esos sonidos que hacen eco a lo largo del recorrido, acompañándonos en cada pisada para recordarnos que somos capaces de alcanzar nuestra meta.

Sebastián Vázquez



Sebastián Vázquez.

  • Admiro la comunicación y las carreras.
    Entre más corro, mejor me expreso.
    Las palabras y los kilómetros me cultivan cada día.

    Comunicador y corredor